Hijos del Pacto
HIJOS DEL PACTO
El plan eterno de Dios para adoptarnos, transformarnos y hacernos su pueblo
¿Alguna vez te has sentido como un extraño ante Dios, como si tu relación con Él pendiera de un hilo que se puede romper con tu próxima caída o debilidad del dia?
En el mundo cristiano actual, millones de creyentes viven atrapados en un desgaste espiritual silencioso. Por un lado, están los que sufren bajo el pánico del legalismo, arrastrando el miedo constante de "perder la salvación" si su desempeño moral no es perfecto. Por el otro, están los que caen en la pasividad, imaginando que la gracia es una licencia barata para vivir a su propia manera sin que su conducta importe. En medio de este desorden doctrinal, la fe se ha vuelto para muchos una experiencia fría, mecánica, religiosa, dogmática e impersonal.
El error de estas posturas nace de una profunda ceguera espiritual: hemos olvidado que; *"Dios tiene un Plan diseñado desde antes de la creación del mundo, un diseño, un plano, una cartografía, y un tiempo específico (Kayros), en el que todas las cosas deberán suceder y Su voluntad ser cumplida*. Nos hemos conformado con la idea de un Dios reactivo que improvisa planes de última hora para apagar los incendios de nuestra historia, cuando en realidad la Biblia nos revela a un Diseñador absoluto que jamás improvisa.
Para romper el orgullo humano y desarmar el moralismo religioso que adormece las bancas en las congregaciones, es necesario hacernos una pregunta directa que sacuda nuestra conciencia:
¿Qué es lo que Dios se propuso lograr realmente desde antes de la creación del universo?
La respuesta a este enigma constituye el núcleo inamovible de mi fe y el eje central de mi más reciente investigación: "El Propósito Eterno Soteriológico del Pacto" o en palabras más simples: "El Fin último de Dios por medio del plan de salvación, por medio del Evangelio de Jesucristo".
La salvación nunca fue diseñada para dejarnos como simples siervos o empleados absueltos que, luego deambularian por los pasillos de la corte celestial o la plaza de la ciudad, es decir, sin propósito eterno, ni pertenencia a la familia celestial, ni coparticipes de la herencia en el reino venidero. Dios no se limitó a firmar un indulto contable en un tribunal frío para dejarnos solos en la calle. El plan maestro de nuestro Dios y Padre, firmado en un contrato eterno antes de que existiera la primera galaxia, consiste en ejecutar un rescate unilateral de proporciones épicas: hacerse de una familia que al mismo tiempo será su pueblo, sacarnos de las garras de la muerte y adoptar a muchos hijos para transformarlos a la imagen de Su Amado Primogénito, Jesucristo.
Como suelo recordar a mis lectores en cada una de mis obras, existe una verdad inquebrantable que define los linderos de nuestra eternidad:
«Dios no tiene religión, tiene un Reino, y solo sus hijos lo heredan».
La religión humana es el esfuerzo inútil del hombre que intenta fabricar andamios ceremoniales, rituales, dogmas, tradiciones o cualquier otro camino diferente al que ya Dios ha establecido. Cómo está escrito: "Jesús es El Camino y nadie llega al Padre si no es por medio de Él". El Reino de Dios es el patrimonio, es la heredad de sus hijos, las recompensas y galardones son exclusivas para la familia del pacto. Un siervo puede ser despedido del palacio si comete una falta en sus deberes, pero un hijo adoptado legalmente mediante un decreto incondicional posee una estabilidad irrevocable. Tu posición en la mesa del Padre no depende de tu inconstancia diaria, sino del juramento inmutable de un Dios que asumió toda la responsabilidad legal de tu preservación, tal como lo prefiguró en la sombra del pacto unilateral con Abraham.
En el Gólgota, nuestra *"postrer cabeza federal"*, Jesús, exclamó un *"grito forense"* que selló la historia del universo: *"Tetelestai (Consumado es)"*. La cuenta penal de los elegidos fue pagada hasta el último centavo, la capa real de Su justicia nos cubrió por completo, el velo del templo se rasgó por la mitad de arriba hacia abajo y los querubines centinelas del santuario fueron apartados de forma legal a izquierda y a derecha. El acceso al trono de la gracia está libre de barreras.
Si deseas descorrer el velo de la historia de la salvación, desarmar de raíz las falsas doctrinas del dispensacionalismo carnal y de otras falsas enseñanzas, y entender la profunda diferencia relacional entre la absolución del Juez y el abrazo íntimo del Abba Padre, te invito a adentrarte en las páginas de Las Sagradas Escrituras.
A través de la Biblia serás guiado en un viaje exegético que despertará tu asombro ante la gracia monergista de Dios. Es hora de dejar atrás el miedo del esclavo, asumir el lenguaje de la mesa del ABBA y del entorno del palacio real y marchar con la dignidad de un heredero legítimo hacia la casa que, El Padre ha abierto para Su único y definitivo pueblo por toda la eternidad.
Iniciemos juntos nuestro caminar "DE REGRESO AL PADRE"
¿Estás listo para ocupar tu lugar en la mesa?

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